domingo, 25 de noviembre de 2007



La violencia escolar, con los cambios que nuestra sociedad esta sufriendo, ha variado en el comportamiento de nuestros alumnos, con el masivo uso de Internet la televisión y los juegos de video, los niños tienen acceso a la violencia desmedida, y lo peor de todo es que han idealizado estos hábitos violentos en sus colegios, por la popularidad que les brinda los convierte en lideres negativos dentro del grupo curso, y a veces de su establecimiento educacional.
Como docentes, nuestra principal función es crear y mantener un ambiente de tranquilidad, empatía y tolerancia entre los alumnos. Gracias a la mediación podemos evitar que estos problemas cotidianos en que los alumnos están envueltos, se conviertan en espacio para poder expresar sus rabias dolores traumas y frustraciones resultantes del diario vivir.
"A través de esta bitácora de solución de
conflictos en la que se ha invitado a participar a cinco destacados docentes de
diversos establecimientos educacionales.
Con diversas realidades de desarrollo
profesional, se logra crear un vinculo de retroalimentación entre la práctica y
la técnica en la formación de los futuros docentes de nuestra casa de
estudios."

Oración a la maestra

¡Señor! Tú que enseñaste,
perdona que yo enseñe;
que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra. Dame el amor único de mi escuela;
que ni la quemadura de la belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes.
Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la mezquina insinuación de protesta que sube de mí cuando me hieren.
No me duela la incomprensión ni me entristezca el olvido de las que enseñé.
Dame el ser más madre que las madres,
para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes.
Dame que alcance a hacer de una de mis niñas mi verso perfecto y a dejarte en ella clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labios no canten más.
Muéstrame posible tu Evangelio en mi tiempo, para que no renuncie a la batalla de cada día y de cada hora por él.
Pon en mi escuela democrática el resplandor que se cernía sobre tu corro de niños descalzos.
Hazme fuerte, aun en mi desvalimiento de mujer, y de mujer pobre; hazme despreciadora de todo poder que no sea puro, de toda presión que no sea la de tu voluntad ardiente sobre mi vida.
¡Amigo, acompáñame! ¡Sostenme! Muchas veces no tendré sino a Ti a mi lado. Cuando mi doctrina sea más casta y más quemante mi verdad, me quedaré sin los mundanos; pero Tú me oprimirás entonces contra tu corazón, el que supo harto de soledad y desamparo.
Yo no buscaré sino en tu mirada la dulzura de las aprobaciones. Dame sencillez y dame profundidad; líbrame de ser complicada o banal en mi lección cotidiana. Dame el levantar los ojos de mi pecho con heridas, al entrar cada mañana a mi escuela. Que no lleve a mi mesa de trabajo mis pequeños afanes materiales, mis mezquinos dolores de cada hora. Aligérame la mano en el castigo y suavízamela más en la caricia. ¡Reprenda con dolor, para saber que he corregido amando! Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos. Le envuelva la llamarada de mi entusiasmo su atrio pobre, su sala desnuda. Mi corazón le sea más columna y mi buena voluntad más horas que las columnas y el oro de las escuelas ricas.
Y, por fin, recuérdame desde la palidez del lienzo de Velázquez, que enseñar y amar intensamente sobre la Tierra es llegar al último día con el lanzazo de Longinos en el costado ardiente de amor



GABRIELA MISTRAL CHILENA